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Martin Grießl. fundador de la empresa Lysando AG

15/12/2018
TRAS 90 AÑOS DE LA PENICILINA.
Artilisinas, la alternativa a los antibióticos.

Alexander Fleming descubrió casualmente la penicilina, ya entonces, advirtió de resistencias. Las moléculas antibacterianas parecen hoy ser los antibióticos del futuro.

El descubrimiento de la penicilina según Alexander Fleming ocurrió en la mañana del viernes 28 de septiembre de 1928, cuando estaba estudiando cultivos bacterianos de Staphylococcus aureus en el sótano del laboratorio del Hospital St. Mary en Londres, situado en el Ala Clarence, ahora parte del Imperial College.​ Tras regresar de un mes de vacaciones, observó que muchos cultivos estaban contaminados y los tiró a una bandeja de lysol. Afortunadamente, recibió una visita de un antiguo compañero y, al enseñarle lo que estaba haciendo con alguna de las placas que aún no habían sido lavadas, se dio cuenta de que en una de ellas, alrededor del hongo contaminante, se había creado un halo de transparencia, lo que indicaba destrucción celular. La observación inmediata es que se trataba de una sustancia difusible procedente del contaminante. Posteriormente aisló y cultivó el hongo en una placa en la que disponía radialmente varios microorganismos comprobando cuáles eran sensibles. 

La identificación del espécimen como Penicillium notatum la realizó Charles Thom. Publicó su descubrimiento sin que recibiera demasiada atención y, según los compañeros de Fleming, tampoco él mismo se dio cuenta en un inicio del potencial de la sustancia, sino progresivamente, en especial por su baja estabilidad. En su trabajo obtuvo un filtrado libre de células que inyectó a conejos, comprobando así que carecía de toxicidad. También apreció su utilidad para aislar Haemophilus influenzae a partir de esputos.

“Fleming aportó enormemente a nuestra sanidad”, dice el biólogo molecular Martin Grießl. “Los actuales transplantes de órganos o las quimioterapias, no serían posibles en esa escala sin penicilina.”

Pero hay algo más de gran importancia para Grießl, en su apreciación del aporte Fleming: “En su discurso de aceptación del Premio Nobel, advirtió contra la resistencia a los antibióticos, que hoy vemos más claramente que nunca. Así que, además de sus logros científicos, también mostró una gran previsión”.

El Dr. Martin Grießl fundó la empresa Lysando ag para intentar superar esa peligrosa debilidad de los actuales antibióticos. quizás, en el centenario de la penicilina, lleguen al mercado nuevas terapias a las que las bacterias no podrán desarrollar resistencia.

 

 

artilisinas: 

Las moléculas 

del futuro.

 

Las moléculas del futuro se llaman artilisinas. Son lisinas, proteínas producidas por virus bacteriófagos, que luego se modifican a demanda en el laboratorio. A su vez, los bacteriófagos son virus especializados en bacterias como células huésped.

“Las lisinas existen en diversas formas en la naturaleza”, aclara Grießl. “Los bacteriófagos emplean lisinas para inducir la lisis [disolución] de la pared celular de su célula huésped, o sea, para abrirse camino desde el interior hacia el exterior de la célula.”

Lysando ag, la empresa fundada por Grießls es líder en el desarrollo de proteínas antimicrobianas para combatir los patógenos Gram-positivos y Gram-negativos en una amplia gama de campos que incluyen higiene, agricultura, ganadería doméstica y ganadera, dispositivos médicos, productos veterinarios y productos farmacéuticos para humanos, que desestabilizan la pared celular de las bacterias y destruyen sus células. 

Pero las artilisinas no son antibióticos, estas moléculas son unas 100 veces más grandes y funcionan con un mecanismo totalmente diferente. 

Lo particularmente importante es que las artilisinas también actúan contra células persistentes, es decir, contra aquellos patógenos que logran escapar a la respuesta inmune del cuerpo. 

“Actualmente hemos desarrollado y almacenado alrededor de 450 prototipos, diseñados para gérmenes y aplicaciones muy específicos”, explica Grießl. 

Pueden construirse moléculas específicas para cada campo de aplicación y cada germen, y producir artilisinas con un espectro muy amplio, efectivas contra muchos tipos de bacterias. 

Esto podría usarse, por ejemplo, en el caso de la sepsis, un envenenamiento de la sangre en el que la vida del paciente está en peligro y no hay tiempo para determinar primero el tipo de patógeno.

En otros casos, como una infección de la piel menos dramática, se podría lograr acabar con un solo germen y preservar el microbioma, la diversidad bacteriana natural de la piel. El beneficio: el microbioma protege también contra infecciones, de modo que ayuda a prevenir una nueva infección.

¿por qué las bacterias no oponen resistencia a esta nueva clase de molécula? A diferencia de los antibióticos, las artilisinas se adhieren a la pared celular y la atacan destruyendo los gérmenes. Las bacterias apenas pueden degradarlas, pues prácticamente no mutan allí. 

Por el contrario, los antibióticos actúan sobre el metabolismo de la bacteria. Con la ayuda de mutaciones en su genoma, las bacterias pueden adaptarse, formar resistencia. 

Las artilisinas, son completamente independientes del metabolismo bacteriano. Además, las artilisinas no duran mucho en el ambiente. 

“Las artilisinas son proteínas normales, y en todo el ambiente hay proteasas que degradan las proteínas”, precisa Grießl Las peptidasas o proteasas son enzimas que rompen los enlaces peptídicos de las proteínas. Para ello, utilizan una molécula de agua por lo que se clasifican como hidrolasas. “Las influencias ambientales también ayudan a descomponer las proteínas, y éstas simplemente ya no existirán en algún momento”. Así, las bacterias tampoco podrán adaptarse a ellas en el ambiente. 

Si las artilisinas no se emplean aún como medicamento es porque “hay muchos procedimientos que completar antes de que puedan llevarse estas moléculas al mercado: por un lado, siempre se llama a la innovación, pero las regulaciones frenan entonces esa innovación”, lamenta Grießl.

No obstante, en el caso de las artilisinas, el progreso es gradual, “el  proceso para llegar a un medicamento es largo, pero hay otras aplicaciones donde se puede avanzar más rápido”. Una de esas áreas podría ser la medicina veterinaria, aunque también existen reglas estrictas y complejas para las aprobaciones, los procedimientos son mucho menos complicados que en la medicina humana. 

fuente; http://diariocronica.com.ar






 

 
 


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