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30/06/2023
TRADICIONAL PRODUCTO ESPAÑOL
IMEDIO, EL PEGAMENTO QUE PEGABA HASTA LOS DIENTES

Gregorio Imedio, acostumbrado a realizar experimentos químicos desde joven en el cine de verano de su padre, en 1935 daría lugar a la fórmula de lo que sería el pegamento más reconocido y apreciado de España. 

En sus inicios Gregorio Imdedio y su cuñado, Pedro Ciudad, fabricaban los tubos de pegamento en casa, usando jeringuillas y los vendían por el pueblo de Calzada de Calatrava y alrededores por el precio de 40 céntimos de peseta.

Junto con la fórmula secreta inicial del pegamento Imedio llegaron otras que dieron lugar a una gama de productos adhesivos que Imedio testaba con los clientes que acudían al negocio de su padre. 

Tras la Guerra Civil Española en 1944 y en una época en la que todo lo que se rompía, se pegaba. Productos Imedio ya contaba con un local propio y vendía en muchas partes del país, fabricando entre 80.000 y 90.000 tubos diarios. Gracias al esfuerzo, la confianza y el espíritu empresarial de Gregorio y Pablo, el tubo azul de pegamento transparente capaz de unirlo todo, se convirtió en un icono, y en 1972 construyeron la gran fábrica Imedio.

Uno de los aspectos inconfundibles del pegamento Imedio, y a día de hoy, uno de sus sellos de identidad, es su olor. Un olor conseguido mediante la mezcla de nitrato de celulosa y acetato de etilo, donde este último, le aporta ese característico olor que a los españoles los devuelve por un momento a esos años de la infancia y el colegio.

Esos aquellos años Imedio nos invitaba a pegarlo todo de nuevo, no importaba si era madera, plástico o incluso vidrio, porque con sus simpáticas publicidades, Imedio transmitía que se podía dar una segunda vida a las cosas. De ahí su eslogan “el remedio, pegamento Imedio”.

Las publicidades, propias de esos años, apelaban al humor mediante ilustraciones en donde cualquier cosa rota, podía recuperarse usando el pegamento Imedio. 

Incluso, en el caso en que un dentista quitase la muela equivocada a un paciente, podía adherirse nuevamente a la boca con el mágico remedio, también los dientes volados de la boca por un pelotazo en el rostro, y hasta en caso de perder la cabeza, la solución era volverla a pegar al cuerpo con pegamento Imedio. 







 

 
 


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