-----Magazine Dental

 



AFICHE DE LA PELÍCULA DE 1976, CON UNOS JÓVENES JEFF BRIDGES Y JESSICA LANGE COMO PROTAGONISTAS

15/06/2024
SE DEVELA UN MITO URBANO
LAS EXODONCIAS HECHAS A KING KONG EN ARGENTINA

El coloso muñeco hidráulico y estrella de Hollywod visitó la Argentina en los setenta. Con singular éxito se lució en la ciudad de Buenos Aires, pero luego entró en un periplo desafortunado por la Costa Bonaerense que lo llevó a quedar arrumbado en un predio y hasta perder varios dientes. Aunque como se decía, y sin basamento, no «murió» en Argentina, ni terminó perdido o abandonado, ni tampoco comido por las ratas. Un viaje por el tiempo en la Argentina de la mano del animatrónico más famoso del cine.

Según muy bien recuerda Fernando Jorge Soto Roland, profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNMdP (Argentina), la visita de King Kong a la Argentina (entre 1978-1979), el inmenso animatrónico utilizado en la remake del film King Kong de 1976 ―dirigida John Guillermin y producida por Dino de Laurentis― tiene visos de leyenda urbana, ya que las malas lenguas afirman que el enorme gorila terminó su periplo en estas tierras abandonado y comido por las ratas en un terreno baldío de la comuna de Batán, vecina a Mar del Plata.

Por esos años, traer a King Kong era acarrear un animatrónico (animatronic), un enorme sistema electromecánico que simulaba un gorila gigante que a diferencia de un robot, no respondía a estímulos externos, es decir que sus movimientos, audios y otros efectos estaban preprogramados. Los animatrónicos son controlados electrónica, mecánica o neumáticamente y pueden ser programados y controlados remotamente. El animatrónico de King Kong fue construido por Carlo Rambaldi para la remake la película. Medía 17 metros de altura, pesaba 6,5 toneladas y su costo exigió la cantidad de 1.7 millones de dólares.

El rey de los monstruos, como llamaron varios comentaristas de Hollywood, llegó en los 70 a nuestro país que estaba gobernado por monstruos y con el objetivo, por suerte, solamente de asustar a la gente.

Luego del singular éxito alcanzado por el simio mecánico en LA RURAL de Buenos Aires y su breve estadía como atracción en la tienda Harrod´s de la calle Florida, su estadía en Mar del Plata significó un fracaso rotundo. Al estallar los litigios judiciales Kong permaneció tapado por apenas una lona y casi abandonado en pleno centro marplatense.

El retorno a Buenos Aires fue realizado por la empresa internacional de la que era parte Samuel Britvin. El transportista recuerda que cuando habían concluido de embalar al mono y como en el predio en el que trabajaban había muchos cables ―que supone de los aparatos de sonido y demás controles―, se produjo un cortocircuito y uno de los brazos del mono se prendió fuego. Todos corrieron a apagar el incendio, cercano al cuerpo del mono gigante, ya que si se prendía fuego, todo quedaría destruido, y lo apagaron con éxito. Por la noche Samuel Britvin llamó a su padre, uno de los responsables de la empresa transportista, para darle los pormenores de cómo venían las tareas. Cuando le relató el inconveniente del fuego, el padre lo increpó diciéndole: «!Sos un tonto! Hubieras dejado que se incendiara todo. !Teníamos un seguro de 1 millón de dolares a favor!»

Una vez colocado el mono en un camión con acoplado adicional y los brazos en otro transporte, en la zona de Camet donde se encontraba la Policía Caminera, se solicitó a cuatro agentes motorizados que hicieran de custodia y acompañaran el viaje desde Mar del Plata hasta la capital. Tal vez porque eso era lo mínimo que un rey como Kong podía merecer. 

Britvin comenta que el mono fue alojado en la calle Pareja, entre Campana y Cuenca, en el barrio de Villa Devoto, donde Britvin alquilaba depósitos a la empresa de la familia Banares (oriundos de Córdoba) para estacionar sus camiones. Allí se quedó durmiendo el mono unos cuantos días, ya que se debía esperar el trámite de lo que por entonces se llamaba «Guía de Importación», emitida por el Ministerio de Economía de Brasil. Sin esa documentación no se podía ingresar nada al país vecino.

Esa espera permitió al transportista a tramitar además los permisos de Vialidad Nacional, que debía informar por dónde circular. El mono, aún acostado, era muy alto. Tenía 4 metros, más 1,50 metros del semirremolque. Un total de 5,50 metros en el pecho y la cabeza, que eran las partes más altas. Por tanto, había que tener un itinerario claro por dónde pasar.


KONG ABANDONADO EN EL PRECIO DE MAR DEL PLATA Y LUEGO CONDUCIDO A BRASIL EN CAMIÓN CON LA CABEZA EXPUESTA

EL DENTISTA DE KING KONG

Daniel Venneri, un hombre que fuera vecino del predio de la familia Banares en la calle Pareja, entre Cuenca y Campana, comenta que al volver el animatrónico de Mar del Plata, apareció en un playón del barrio de Devoto 

En ese playón, Venneri y un grupo de amigos ―que por entonces tenían apenas 10 años de edad― se toparon con Kong.

Tras ingresar a la playa de estacionamiento que se encontraba abierta y sin guardias, según testimonio de Venneri, los chicos treparon por las estructuras de hierro del muñeco hidráulico que estaba divido en tres remolques, se metieron dentro de él y lo mutilaron. Le quitaron dientes y muelas, que luego fueron repartidos entre ellos como botín. 



LOS DIENTES DE KONG ARRANCADOS EN VILLA DEVOTO COMO UNA TRAVESURA INFANTIL

EL PUENTE (NO DENTAL) DE PERGAMINO

Finalizados los trámites. El mono abandonó Villa Devoto camino a Brasil. El itinerario tomó por Ruta 8, hasta la ciudad de Pergamino y desde ahi, tras dar toda la vuelta por Santa Fe, llegaron finalmente a Paso de los Libres en donde cruzaron a Uruguayana (Brasil).

En Pergamino había un puente por el que no se podía pasar. Era demasiado bajo. Vialidad Nacional no habia previsto que, por obras de mantenimiento se había repavimentado ese sector de la ruta y, por lo tanto, el nivel había subido unos cuantos centímetros. Suficiente para que el mono no pudiera pasar. Eso demoró el viaje cerca de 4 días. Mientras resolvían cómo pasar el cuerpo del mono, los dos brazos siguieron camino. Finalmente se pudo solucionar el problema comprando 12 cubiertas de camioneta para el semirremolque, con lo cual se bajó la altura unos 40 centímetros. Con esas ruedas siguió el viaje hasta su destino final”.

Cuando el camión llegó a la frontera se armó una revuelta por el tema del mono. Kong estaba a la vista de todos, tapado con una lona pero con la cabeza al aire según indicaciones del ingeniero que estaba a cargo.



KING EXHIBIDO EN LA CARPA QUE FUE CONSTRUIDA PARA EL SHOW EN LA RURAL

CÓMO EMPEZÓ TODO

Simone «Beky» Pérez Pichón, empresaria argentina de la compañía International Transax S.A., la empresa que, bajo la denominación comercial King Kong Producciones, trajo al monstruo al país, cuenta que Francisco Soto, un colaborador de la empresa, tiró una idea: “¿Qué te parece si traemos a King Kong?” Soto tenía todo analizado, el costo de traer a King Kong y el dinero que podía rendir, porque entendía que se trataba de un buen negocio. 

Gracias a sus contactos en Estados Unidos, Beky consiguió una entrevista con Dino Laurentis, propietario del animatrónico. La negociación duró una semana y fue intensa, pero Beky consiguió el mono gigante y el merchandising para toda América Latina. El contrato estipulaba, que el mono no podía moverse de la cintura para bajo, debido a que no se podía hacerlo caminar.

Ricardo Gangeme, director del diario Crónica , a través del propietario del periódico, Héctor Ricardo García, había hecho un pedido a De Laurentiis por King Kong pero sin éxito. Y como Beky necesitaba inversores para llevar adelante el negocio, Gangeme fue el inversor invitado e incluido en el proyecto.

De Laurentiis exigió a la empresaria argentina traer al país, junto con el mono, al ingeniero que había fabricado al mono: Eddie Surkin, que fue alojado en la propia casa de Beky.

Se mandó a fabricar una carpa y el lugar elegido para exhibir a Kong fue la Sociedad Rural Argentina, en el barrio de Palermo. Se seleccionó y fabricó todo el merchandising y se organizó un show para rellenar el espectáculo, ya que el mono era hidráulico y no podía “trabajar” mucho. 

La exhibición tenía dos partes. En la primera aparecían payasos, los equilibristas mencionados y demás personajes circenses. Recién en la segunda aparecía King Kong. La compañía de seguros 

Lloyd’s de Londres aseguró al mono, con el compromiso de que no se moviera de la cintura para abajo y que debía estar bien sujetado.

El mono desensamblado salió en barco desde Los Ángeles. El alcalde de la ciudad aceptó cortar y cambiar la mano de San Diego Freeway para que el mono llegara fácilmente al puerto de Los Ángeles. El viaje tardó más de un mes y medio. 

El jueves 7 de setiembre de 1978, mientras la Argentina soportaba la peor de todas sus dictadoras del siglo XX, el famoso muñeco animatrónico de King Kong llegó desde Estados Unidos, previa escala en Montevideo, a la Dársena C del puerto de Buenos Aires a bordo del barco Jujuy II perteneciente a Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA). 

El 9 de setiembre de 1978, remontaron la avenida Santa Fe las enormes cajas que contenian las distintas partes del gorila, Las autoridades de la ciudad aceptaron que la Avenida Santa Fe cambiara de dirección por unas horas. Toda Santa Fe hasta la Rural estuvo repleta de personas. Dicen que ni el Papa, años después, tuvo tanta concurrencia. Muchos padres sacaron a sus chicos a las calles para ver pasar a King Kong.

Los organizadores explicaron que el gorila estaba muy cansado por el viaje y dormía. Se armó ese discurso para los chicos, porque estaban decepcionados al ver pasar sólo camiones y cajas. Se decía que Kong descansaba, pero que igual los saludaba.

La actriz y conductora Pinky fue designada como “madrina” de la bestia.



AVISOS PROMOCIONALES EN CABA Y EN MAR DEL PLATA. LA AV. SANTA FE CUANDO TRASLABAN A KONG A LA RURAL. UN MUÑECO PARTE DEL MERCHANDISING. Y KONG EN HARROD´S

Pero el arranque del show de King Kong no fue sencillo, porque previo al estreno un tornado se llevó toda la carpa y había volado la cabeza de Kong. Los aseguradores de la Lloyd´s viajaron desde Londres porque además de volarla, la cabezota del mono se había quedado pelada. Estaba hecha con crines de caballo y hubo que esperar que envíen los insumos desde Estados Unidos. Todo esto atrasó el estreno.

King Kong permaneció cuatro meses en La Rural. Al show se entraba por avenida Sarmiento (justo frente al Zoológico) y al ingresar podían verse una serie de chozas muy exóticas (remedando la película), en donde se vendía el merchandising de Kong. 

Las encargadas de la venta eran unas chicas enfundadas en ropa muy sexy. Además había una serie de negocios un tanto bizarros, como por ejemplo una familia que vendía miel los fines de semana y disfrazaban a su hija de abeja. También había una casa de hamburguesas de pollo que exhibía en sus vitrinas pollitos vivos, los cuales regalaban o vendían a la gente. Pero había muchos más locales. Era una verdadera selva de negocios que regenteaba el hermano del «Nono» Pugliese. 

El show fue organizado en un comienzo como una obra de teatro, en la que estaba indirectamente involucrado el dibujante García Ferré (el creador de Hijitus y Anteojito). Le habían puesto por título El Paraíso de King Kong. La trama transcurría en una isla ignota en donde una serie de bailarinas adoraban al gorila, en tanto que un maléfico profesor Neurus maltrataba al mono hasta sacarlo de sus cabales.

Pero resulta que en el día del debut hubo un problema. Era sábado y caía una lluvia feroz. Así todo, la carpa estaba absolutamente llena. No cabía un alfiler. 

La función empezó a demorarse porque había un inconveniente técnico con el mono y Eddie Surkin (el ingeniero en jefe) no podía solucionarlo.

La gente comenzó a impacientarse. La obra principió demorada una hora y el público murmuraba. Querían ver al mono y no se aguantaban el desarrollo de la historia. Tuvieron que saltearse parte de los cuadros artísticos y el argumento quedó inentendible. Pero a nadie le importaba eso. Deseaban ver a Kong. Cuando abrieron el telón y fue una ovación.

También había gente contratada para efectos especiales que simulaban niebla y explosiones, un volcán que lanzaba llamaradas y un láser que iluminaba al mono, casi como si fuera un puntero.

Pese a que lla obra se hizo más breve, no funcionaba de ese modo, así que los inversores despidieron a los actores, las bailarinas y sólo siguieron los de los efectos especiales. El pobre actor que hacía de Neurus se quería matar, porque había renunciado a un trabajo en la Municipalidad para actuar en la obra. Finalmente, el Nono Pugliese tomó el rol de un cazador que atrapaba al mono. Látigo en mano le gritaba a Kong y entonces caía el telón y aparecía el rey de los monstruos. Tenía cadenas en las manos, movía la cara y se quejaba en medio de la niebla. Hasta que el mono enfurecía, explotaban bombas y rompía las cadenas. Los gritos del público eran ensordecedores.



EL PROGRAMA IMPRESO QUE SE ENTREGABA EN LA RURAL. Y UNA IMAGEN DE LA PELICULA DE 1976, CON KONG SOSTENIENDO A JESSICA LANGE EN UNA MANO

A los pocos días arribó un circo para completar el show, llamado el Circo de Fantasio o algo parecido y se sumaron malabaristas, payasos, lanza-cuchillos y unos trapecistas muy buenos que se llamaban Las Águilas de México, pero eran chilenos. Había función todos los días y varias los fines de semana. 

En cuanto al animatrónico, dicen que no tenía nada adentro, estaba amarrado a un poste, era hidráulico y funcionaba con aceite, porque uno de sus dedos perdía siempre. El muñeco se movía con un compresor de aire comprimido. Unas palancas movían los brazos, otras las manos, otras la cara. Los controladores argentinos habían aprendido una serie de trucos, al punto que ponían música y el mono levantaba los hombros siguiendo el ritmo de la música. La cara de Kong era muy expresiva, pero salvo los brazos, el resto del cuerpo era estático. 

Pasaba el tiempo y el mono debía volver a Estados Unidos, Pero unos brasileros de San Pablo, los dueños del parque de diversiones Play Center estaban interesados en tener a Kong y Beky podía hacer valer sus derechos en Latinoamérica. Pero el inversor Gangeme tenía otros planes, llevarlo a Mar del Plata. Pero no hubo coincidencias entre Beky y Gangeme, porque Beky creía que iba a ser una fracaso, ya que muchos habían viajado desde distintos puntos hasta Buenos Aires para ver al monstruo. 

Kong terminó en la víspera de navidad como punto de atracción en la tienda Harrod´s, de la calle Florida. Habían arreglado el local para navidad de tal modo que podían poner al mono en el medio de la tienda. Si bien la idea era mandarlo a Brasil, colocarlo en la tienda generó un poco más de ingresos.

Beky tuvo que viajar a Europa, pero cuando partió, pese a no haber acuerdo, Gangeme hizo desarmar a KONG y se lo llevó a la costa.

En Mar del Plata, tal como se había anticipado, fue un fracaso absoluto. Se estaba perdiendo dinero y sin la autorización de Beky (la responsable contractualmente) se tenía pensado hacer una gira nacional.

Beky regresó de Europa y se contactó con los brasileros que seguían interesados en tener al mono en su parque diversiones.

Por la noche, sin que se entere Gangeme, se desarmó el mono y se trasladó en camión desde Mar del Plata hasta Buenos Aires. Partió luego hacia Brasil, si bien con algunos dientes menos, y causó gran conmoción y la gente se movilizó para ver al rey mono.


 

 
 


BUSCAR EN EL SITIO:


Ediciones Anteriores



































  USO DEL LENGUAJE.
El refrán dental.
  USO DEL LENGUAJE.
El refrán dental.
  USO DEL LENGUAJE.
El refrán dental.
  EL USO DEL LENGUAJE
El refrán dental.
© Copyright 2008- Magazine Dental | info@magazinedental.com